10 noviembre 2009

SUOR ANGELICA: Giacomo Puccini

Ópera en un acto
Música: Giacomo Puccini
Libreto: Giovacchino Forzano
Esta obra vio levantar su primer telón el 14 de diciembre de 1918 en la Metropolitan Opera House de Nueva York y es una de las pocas que sólo tiene intérpretes femeninas.
ELENCO
SOR ANGÉLICA ...SOPRANO
LA TÍA PRINCESA... CONTRALTO
LA ABADESA... MEZZO-SOPRANO
LA CELADORA... MEZZO-SOPRANO
LA MAESTRA DE LAS NOVICIAS... MEZZO-SOPRANO
SOR OSMINA... SOPRANO
SOR DOLCINA... SOPRANO
HERMANAS RELIGIOSAS... SOPRANOS
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Sinópsis de la ópera "SUOR ANGÉLICA"
La ópera se sitúa en un convento, en el siglo XVII. Los roles son confiados por entero a voces femeninas. La acción se inicia al atardecer, el claustro está vacío pero escuchamos a las religiosas entonar un Ave Maria. Al concluir el oficio la Hermana Celadora, da una reprimenda a las novicias que llegaron con atraso, que recen por las almas en peligro en lugar de mostrarse tan alegres, charlatanas y amantes de las flores. Nada está permitido y sólo las blancas ocas tienen derecho a la recreación.

Genoveva hace notar que la luz del sol poniente pronto caerá sobre la fuente, haciendo que el agua parezca de oro: evento que solo se da en tres crepúsculos al año. Las monjas discurren sobre tópicos mundanos y Sor Angélica niega haber tenido deseos de tal índole cuándo Genoveva la interroga sobre el particular. Las demás hermanas saben sin embargo que Angélica reza por saber de su familia, de la que no tuvo noticia en siete años: época desde la cual -noble princesa caída en desgracia- fue obligada a tomar los hábitos.
De improviso llaman a Sor Angélica para que socorra a la hermana Clara, a quién han picado el rostro las avispas; Sor Angélica prepara hierbas y flores para hacer una poción que calme el dolor de las picaduras. Entran dos monjas con un burro llevando en su lomo una cesta cargada; todas colaboran en descargarla, y una de las monjas que ha entrado relata acerca de un carruaje imponente y lujoso que ha visto detenido en la puerta del convento; las hermanas discuten excitadas, y hacen conjeturas sobre quién pueda ser la persona visitante. Sor Angélica muestra ansiedad y esperanzas, y las otras monjas desean para el bien de Angélica, que la visita tenga que ver con ella, entra la madre Abadesa, y luego de dispersar a las distintas monjas, informa a Sor Angélica , que ha estado esperando humildemente, que ha venido a verla su Tía, la Princesa.
La Princesa, que tomó a su cuidado a Angélica al morir los padres de ésta, hace severa y majestuosa entrada. Sobreviene un silencio impresionante. Por un largo y dramático diálogo, nos es revelado que Angélica fue encerrada en el convento por haber deshonrado a su familia y haber tenido un hijo siendo soltera. La religiosa pregunta entonces con vehemencia sobre su hijito, y esto la lleva a enterarse –desfalleciente ante la revelación- de que la criatura murió hace dos años pese a todos los esfuerzos que se hicieron por salvarle de una fiebre maligna.
La Tía, que había venido a requerir la firma de Angélica para hacer la cesión de su padre de herencia a favor de su joven hermana Anna Viola, que esta por casarse, parte con aparentemente inexorable falta de humanidad, dejando a Sor Angélica. Al quedar sola, da rienda suelta a su dolor en el aria célebre de esta ópera. Senza mamma, bimbo, tu sei morto. En ese tocante trozo expresa Sor Angélica su desesperación por haber perdido el hijo, al que no pudo conocer. Su anhelo es que pueda encontrarse con él en el cielo. En un hilo de voz insta al pequeño a que le hable.
Las religiosas forman un círculo que rodea a Angélica, caída como en éxtasis: “¡la gracia ha descendido del cielo!” -exclama Sor Angélica-. Se oye el batir de una sonaja del convento, llamado e las religiosas a retirarse a sus dormitorios. Angélica que ha rezagado y quedado sola con su alma bajo un cielo estrellado, recorre la huerta del convento y recoge de él ciertas hierbas venenosas, cuyos efectos conoce del mismo modo que conoce las virtudes curativas de otras. Su decisión de eliminarse está inflexiblemente tomada. De su adiós a la vida y al convento adormecido, y dice que parte para siempre porque la ha llamado su hijito: en un rallo de estrellas se le apareció su hijo y le ha dicho “¡Mamá ven al paraíso!”. Añade: “¡Muero por él y lo volveré a ver en el cielo!”. En medio de febril exaltación abraza la cruz la besa, se inclina rápidamente sobre una jarra con la poción venenosa y volviéndose hacia la iglesia, bebe el contenido.
La luna aparece en ese preciso instante y con su luz vuelve la conciencia a la extraviada Sor Angélica, que comprende la enormidad de su actitud. Exclama: “¡Ah, estoy condenada…Oh, Virgen mía, no me hagas morir en condenación!”. Se opera entonces el milagro: son los ángeles los que responden entonando el himno a la Madre de madres. La iglesia, toda iluminada, se abre de par en par; aparece la virgen y mientras Angélica exhala su ultimo suspiro, un niño rubio vestido de blanco se precipita ante ella, en tanto el coro celestial prosigue, Salve Maria, Mater purissi...
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En la foto: Renata Scotto
Para disfrutar: Arias interpretadas por Renata Scotto:
Renata Scotto "Senza mamma" Suor Angelica
Renata Scotto "Final Scene"

Texto: Adrianina.
Algunos datos tomados del cuadernillo de la ópera Suor Angélica en disco.

30 octubre 2009

DESEO


Sólo tu corazón caliente,
y nada más.

Mi paraíso, un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.

Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.

Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo de
miradas rotas.

Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirán muy lejos.

Y tu corazón caliente,
nada más.

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Poema: Federico García Lorca. 1920.
Pintura: Elsa Soibelman. 2008. Óleo sobre tela. 1.80 x 1.50 cm

18 octubre 2009

Creía que...

...esto de ser poeta era cosa fácil. CREÍA,
que eso de mirar estrellas, juntarlas todas y hacer la luna era trabajoso.
CREÍA,
que hipnotizarse con rosas, rociarse con finas y suaves manos, era de elegidas.
CREÍA,
que bastaba con estar despierta toda la noche, languidecer de sueño, tragar letras, dormir amor y soñar amar, era de locas y suicidas.
Que había que tener mucho amor para importar mas letras que dinero.
Me pregunté entonces
¿quien puede hacer la mejor poesía?
¡VAMOS! que todos podemos ser poetas...
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Poema: Adrianina
Pintura: Goya. La primavera o Las floreras. (detalle) 1786-1787. Museo Nacional del Prado.

06 octubre 2009

"El poeta y su poema" "El poema y su lector" Alejandra Pizarnik.

El poeta y su poema.
“Un poema es una pintura dotada de voz y una pintura es un poema callado…”
Proverbio oriental
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La poesía es un lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de los que es su libertad o verdad y referir estas palabras al mundo en el que vivimos o no vivimos es decir una mentira. No lo es cuando se las atribuye a la poesía: lugar donde todo es posible.
(…)
En oposición al sentimiento del exilio, al de una espera perpetua está el poema-tierra prometida-. Cada día son más breves mis poemas: pequeños fuegos para quien anduvo perdida en lo extraño. Dentro de unos pocos versos suelen esperarme los ojos de quien yo sé; las cosas reconciliadas las hostiles, las que no cesa de aportar lo desconocido; y mi sed de siempre, mi hambre, cesa de aportar lo desconocido; y mi sed de siempre, mi hambre, mi horror. Desde allí la invocación, la evocación, la conjugación.
En cuanto a la inspiración, creo en ella ortodoxamente, lo que no me impide, sino todo lo contrario, concentrarme mucho tiempo en un solo poema. Y lo hago de una manera que recuerda, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: Adhiero a la hoja de papel a un muro de contemplo; cambio de palabra, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces a espera de la deseada, hago en su lugar un dibujo que la alude. Y este dibujo es como un llamado ritual. (Agrego que mi afición al silencio me lleva a unir en espíritu la poesía con la pintura; de allí dónde otros dirían instante privilegiado yo hable de espacio privilegiado.)
(…)
Nos vienen previniendo, desde tiempos inmemorables, que la poesía es un misterio. No obstante la reconocemos: sabemos dónde está. Creo que la pregunta ¿que es para usted la poesía? Merece una u otra de estas dos respuestas: el silencio o un libro que relate una aventura no poco terrible: la de alguien que parte a cuestionar el poema, la poesía, lo poético; a abrazar el cuerpo del poema; a verificar su poder encantatorio, exaltante, revolucionario, consolador. Algunos ya nos han contado este viaje maravilloso. En cuanto a mi por ahora es un estudio.
París, diciembre de 1962.

El poema y su lector
Si me preguntaran para quien escribo me preguntan por el destinatario de mis poemas. La pregunta garantiza, tácitamente, la existencia del personaje.
De modo que somos tres: yo; el poema; el destinatario. Este triángulo en acusativo precisa un pequeño examen.
Cuando termino un poema, no lo he terminado. En verdad lo abandono, y el poema ya no es mío o, más exactamente, el poema existe apenas.
A partir de ese momento, el triángulo ideal depende del destinatario del lector: Únicamente el lector puede terminar el poema inacabado, rescatar sus múltiples sentidos, agregarles otros nuevos. Terminar equivale, aquí, a dar vida nuevamente, a re-crear.
Cuando escribo, jamás evoco a un lector. Tampoco se me ocurriría pensar en el destino de lo que estoy escribiendo. Nunca he buscado al lector, ni antes, ni durante, ni después del poema. Es por eso, creo, que he tenido encuentros imprevistos con verdaderos lectores inesperados, los que me dieron la alegría, la emoción, de saberme comprendida en profundidad. A lo que agrego una frase propicia de Gastón Bachelard:
El poeta debe crear su lector y de ninguna manera expresar ideas comunes.
Buenos Aires, 1967-


Fuente: Alejandra Pizarnik. Prosa completa, Lumen Palabra en el Tiempo.
Fotografía: Alejandra Pizarnik en Buenos Aires, 1965. de Daniela Haman.