Música: Giacomo Puccini
Libreto: Giovacchino Forzano
Esta obra vio levantar su primer telón el 14 de diciembre de 1918 en la Metropolitan Opera House de Nueva York y es una de las pocas que sólo tiene intérpretes femeninas.
ELENCO
SOR ANGÉLICA ...SOPRANO
LA TÍA PRINCESA... CONTRALTO
LA ABADESA... MEZZO-SOPRANO
LA CELADORA... MEZZO-SOPRANO
LA MAESTRA DE LAS NOVICIAS... MEZZO-SOPRANO
SOR OSMINA... SOPRANO
SOR DOLCINA... SOPRANO
HERMANAS RELIGIOSAS... SOPRANOS
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Sinópsis de la ópera "SUOR ANGÉLICA"
La ópera se sitúa en un convento, en el siglo XVII. Los roles son confiados por entero a voces femeninas. La acción se inicia al atardecer, el claustro está vacío pero escuchamos a las religiosas entonar un Ave Maria. Al concluir el oficio la Hermana Celadora, da una reprimenda a las novicias que llegaron con atraso, que recen por las almas en peligro en lugar de mostrarse tan alegres, charlatanas y amantes de las flores. Nada está permitido y sólo las blancas ocas tienen derecho a la recreación.
Genoveva hace notar que la luz del sol poniente pronto caerá sobre la fuente, haciendo que el agua parezca de oro: evento que solo se da en tres crepúsculos al año. Las monjas discurren sobre tópicos mundanos y Sor Angélica niega haber tenido deseos de tal índole cuándo Genoveva la interroga sobre el particular. Las demás hermanas saben sin embargo que Angélica reza por saber de su familia, de la que no tuvo noticia en siete años: época desde la cual -noble princesa caída en desgracia- fue obligada a tomar los hábitos.
De improviso llaman a Sor Angélica para que socorra a la hermana Clara, a quién han picado el rostro las avispas; Sor Angélica prepara hierbas y flores para hacer una poción que calme el dolor de las picaduras. Entran dos monjas con un burro llevando en su lomo una cesta cargada; todas colaboran en descargarla, y una de las monjas que ha entrado relata acerca de un carruaje imponente y lujoso que ha visto detenido en la puerta del convento; las hermanas discuten excitadas, y hacen conjeturas sobre quién pueda ser la persona visitante. Sor Angélica muestra ansiedad y esperanzas, y las otras monjas desean para el bien de Angélica, que la visita tenga que ver con ella, entra la madre Abadesa, y luego de dispersar a las distintas monjas, informa a Sor Angélica , que ha estado esperando humildemente, que ha venido a verla su Tía, la Princesa.
La Princesa, que tomó a su cuidado a Angélica al morir los padres de ésta, hace severa y majestuosa entrada. Sobreviene un silencio impresionante. Por un largo y dramático diálogo, nos es revelado que Angélica fue encerrada en el convento por haber deshonrado a su familia y haber tenido un hijo siendo soltera. La religiosa pregunta entonces con vehemencia sobre su hijito, y esto la lleva a enterarse –desfalleciente ante la revelación- de que la criatura murió hace dos años pese a todos los esfuerzos que se hicieron por salvarle de una fiebre maligna.
La Tía, que había venido a requerir la firma de Angélica para hacer la cesión de su padre de herencia a favor de su joven hermana Anna Viola, que esta por casarse, parte con aparentemente inexorable falta de humanidad, dejando a Sor Angélica. Al quedar sola, da rienda suelta a su dolor en el aria célebre de esta ópera. Senza mamma, bimbo, tu sei morto. En ese tocante trozo expresa Sor Angélica su desesperación por haber perdido el hijo, al que no pudo conocer. Su anhelo es que pueda encontrarse con él en el cielo. En un hilo de voz insta al pequeño a que le hable.
Las religiosas forman un círculo que rodea a Angélica, caída como en éxtasis: “¡la gracia ha descendido del cielo!” -exclama Sor Angélica-. Se oye el batir de una sonaja del convento, llamado e las religiosas a retirarse a sus dormitorios. Angélica que ha rezagado y quedado sola con su alma bajo un cielo estrellado, recorre la huerta del convento y recoge de él ciertas hierbas venenosas, cuyos efectos conoce del mismo modo que conoce las virtudes curativas de otras. Su decisión de eliminarse está inflexiblemente tomada. De su adiós a la vida y al convento adormecido, y dice que parte para siempre porque la ha llamado su hijito: en un rallo de estrellas se le apareció su hijo y le ha dicho “¡Mamá ven al paraíso!”. Añade: “¡Muero por él y lo volveré a ver en el cielo!”. En medio de febril exaltación abraza la cruz la besa, se inclina rápidamente sobre una jarra con la poción venenosa y volviéndose hacia la iglesia, bebe el contenido.
La luna aparece en ese preciso instante y con su luz vuelve la conciencia a la extraviada Sor Angélica, que comprende la enormidad de su actitud. Exclama: “¡Ah, estoy condenada…Oh, Virgen mía, no me hagas morir en condenación!”. Se opera entonces el milagro: son los ángeles los que responden entonando el himno a la Madre de madres. La iglesia, toda iluminada, se abre de par en par; aparece la virgen y mientras Angélica exhala su ultimo suspiro, un niño rubio vestido de blanco se precipita ante ella, en tanto el coro celestial prosigue, Salve Maria, Mater purissi...
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En la foto: Renata Scotto
Para disfrutar: Arias interpretadas por Renata Scotto:
Renata Scotto "Senza mamma" Suor Angelica
Renata Scotto "Final Scene"
Texto: Adrianina.
Algunos datos tomados del cuadernillo de la ópera Suor Angélica en disco.